Roberto Manzano

«La poesía de Francis Sánchez es de gran riqueza instrumental: con esos vivos utensilios erige un finísimo temblor ontológico, una  delicada angustia por el ideal perdido. Su postura enunciativa se asienta en la eternidad de la poesía, en el sedimento histórico de la palabra: acarreando el idioma a través de todas las aduanas estilísticas entra en su circunstancia a levantar lo caído, a ofrecer su garganta a lo victimado por el destino. Sus asociaciones, aunque se ocupen de referentes inmediatos, se establecen en lo imponderable, en lo que ya es desasido, por haber encontrado una música melancólica y noble en las dibujadas brumas del espíritu. No se trata de poetizar, sino de aligerar el tránsito, de ofrecer un testimonio de la caída y la resurrección. El caos no parece sujetarse al número, pero el caos puede ser plasmado a través del número. Por eso sus poemas siempre tienen un ritmo benedictino, incluso cuando se aventuran en la asimetría, en lo deshilvanado del suceso. La circunstancia lo empuja hacia la oniria, y él pone la escala que acompasa la entrada en lo definitivo: el oculto ritmo y el símbolo alzado desde la anécdota. Aunque parece haber visto el zarcillo salvaje, despliega sus cundiamores en un cercado próximo a casa, donde habla con los suyos, y ve desde los suyos y el entrañable espacio de su infancia los episodios en que los hombres desorganizan lo perfecto. Su poesía batalla por restituir lo perfecto, sabiendo, con mucho dolor, lo imposible que resulta para la naturaleza humana, y para la palabra como instrumento de testificación y milagro. La aventura lírica de Francis Sánchez es una de las más interesantes del rico conjunto contemporáneo de la poesía cubana».

«Poesía de Francis Sánchez», sección «Tropos», sitio web Cubaliteraria, La Habana, 19 de marzo de 2012.