pedrada


abre esta niebla, isla, quiébrame la cintura.

un pavor más humano al fondo nos espera.

y se sabrá por qué sentimos tan afuera

del cuerpo el corazón, tanto horizonte, dura

perla resbaladiza sobre nuestras espaldas.

enanos al servicio de un rey del que no vemos

ni rostro ni corona; sin embargo, debemos

desde abajo causarle risa y mover sus faldas.


las playas desarmables, la luz… todo es prestado.

ecos grandes gastándose vivos contra el cristal.

todo; menos la flor de sangre en un costado.

date vuelta en la concha mientras pasa el final.

limpia, sueña los ojos del cuervo apedreado

antes que en ti despierten, isla, estatua de sal.


En: nuez sobre nuez (Ediciones Sed de Belleza, Santa Clara, Cuba, 2004).