Cadena perfecta

Relatos / 2004

Premio nacional «Cirilo Villaverde», 2002. Ediciones Hermanos Loynaz, Pinar del Río, Cuba, 2004. Edición: Vivian M. González. ISBN: 959-219-170-0.


«Los cuentos que reúne este volumen exploran la psiquis humana partiendo de lo inverosímil, dado de tal modo que, sin siquiera percatarnos, lo asumimos como real. El buen hacer de este autor nos acerca a una cotidianidad otra sin motivar extrañeza, nos lleva a buscar con fruición el final y luego quedarnos imbuidos de un círculo de reflexiones sobre nuestro propio acontecer, ¿otro eslabón de esta cadena?»

Vivian M. González


«El libro Cadena perfecta, que fue premio “Cirilo Villaverde” del 2002, tiene una característica que a mí me parece importante recalcar, y es que pudiera tener un epígrafe que dijera que son “cuentos para la reflexión”. O sea, más que para el disfrute de leer una aventura, de leer una anécdota bien hilvanada o bien contada, me parece que estos textos son una mirada no directa, sino una especie de mirada oblicua sobre la realidad. Y eso me parece que es una operación narrativa bastante complicada, bastante difícil, y que convierte a este libro en una especie de rara avis, y a los cuentos de Francis en general —esa es su tendencia— dentro de la más reciente narrativa cubana».

Eduardo Heras León («Cadena perfecta», Videncia, no. 8, Ciego de Ávila, Cuba, 2004)


«El autor deriva situaciones fantásticas, inconmensurablemente inverosímiles, de la más simple cotidianidad, dejándole a ésta, con sus leyes a veces también increíbles, la explicación y la convivencia con estos portentos. La narrativa de Francis es toda metáfora y no creo necesarias pupilas especiales. El trasfondo existencial de su propuesta, el cuestionamiento o, podríamos decir, el reordenamiento de un entorno con frecuencia inalterable se vuelve uno de sus aciertos. El objetivo es la reflexión, la búsqueda en la turbulencia de la psiquis como calco del diario devenir. Entre muchas, se trasluce la necesidad de la liberación, de la ruptura con la rutina, con el orden de cosas establecido […] La confluencia de los sueños con la “realidad” se vuelve catártica, aunque el distanciamiento que emerge por momentos no funciona como una abstracción excluyente, sino como una consecuencia de los avatares a que obliga esa realidad siempre difusa, perfectible, cuestionable, descubrible. […] A pesar de que la racionalidad no desaparece, la situación gana terreno por sí misma, desarmando lo verosímil a merced del absurdo, por más que pretenda conjurarlo, otorgándole independencia e inherencia, como una consecuencia irónicamente lógica e ineludible de la misma cotidianidad. La indeterminación, porque no quisiera hablar de ambigüedad —pues poco en estas fábulas es casual—, se regodea en el placer del distanciamiento, en el poder de adaptación del hombre como estandarte y axioma de la voluntad de cambio. Francis Sánchez nos propone una salida a las “miserias” de la vida con un toque de sarcasmo que, por momentos, como en Cadena Perfecta, cotiza con la inmutabilidad de las cosas en la piel de una suerte de moraleja, difícil de destronar. […] Sus personajes son movidos a la reflexión por existencias insípidas, carentes de todo sentido social, pero que defienden la otredad, la diversidad de las perspectivas, atenazadas por problemas familiares, incomprensiones, carencias económicas que, a la postre, resultan los verdaderos infiernos artificiales que alienan y anquilosan».

Rodolfo Zamora Rielo («Cadenas en las nubes de un tigre perfecto», El Caimán Barbudo, La Habana, 2006)


Cuento de este libro:

«Amanece»