Antología de la poesía oral, traumática y cósmica de Francis Sánchez e Ileana Álvarez González

Poesía / 2017

Autoría compartida: Ileana Álvarez, Francis Sánchez.

Frente de Afirmación Hispanista, México, 2017. Selección: Fredo Arias de la Canal. Prólogo de Luis Manuel Pérez Boitel: «Furuborg, Jonsered, Suecia, 4 de noviembre» (Carta apócrifa de Rainer María Rilke).


«Furuborg, Jonsered, Suecia, 4 de noviembre.

Querido Francis:

Espero, desde esta estación, el tren. Había sabido de usted por su esposa, que tanto admiro. Ileana Álvarez es una poeta excepcional. En todo este tiempo no he tenido mucha correspondencia. Se me hace difícil escribir, pero nada impide que acepte estas líneas para hablarle de nuez sobre nuez,* el cual me envía como primicia de su publicación por la editorial Sed de Belleza, que tanto los poetas nombran. Es posible incluso que pretenda algún día publicar allí, pues también una edición príncipe de una pequeña tirada es algo ceremonioso.

Su referencia a Rimbaud me alegra con ese verso: “Sollozando miraba el oro ―y no pude beber”. Y juega usted con la palabra, y se acomoda en la palabra. Es una suerte esa, un don inigualable. Sin embargo, los poemas de arte menor empobrecen el texto, que poco a poco va ganando a nivel tropológico y estructural, para convertirse en un libro de mayores dimensiones. Para ser más preciso: a partir del poema “Avatar de la rosa”, uno logra advertir un tiempo nuevo. Incluso en los textos que une bajo el título “Paisaje roto” hay también mayores pretensiones como ganancias y giros poéticos. Francis, usted es un hombre dichoso y vive desde la poesía. No sé cómo hace para existir con sus hijos y las deudas en provincia, pero solo le digo que creo en usted, y no me arrepentiré nunca en decirlo.

Afuera un lirio mitad monedas sobre mármol, / mitad ciervo azorándose en las heridas dobles / por donde huye el perdón. / El lirio se desgaja, / llueve, repite sobre mí / su miedo indestronable”. Y es ese miedo el que nos acerca al umbral para dibujar los peldaños del tiempo en que existimos y del otro tiempo del que no sabemos otra cosa. Nada es tan inmenso como un poema, que usted edifica en sus manos. Yo estaré aquí, mientras tanto, para verlo pasar, y le guardaré un asiento en el parque, cerca de una glorieta donde existan músicos y juglares y turistas.

Entonces ya habrán pasado muchos años y nuestros hijos tendrán también los suyos. Y quedarán muchas horas más, no lo dude. La gran alianza es por esa poesía, es por el grito del beduino, por el ave que escapa y por esa constante sed que se nos apodera como si fuese el ángel de la guarda quien nos trae poemas y países.

Suyo: Rainer María Rilke».

Luis Manuel Pérez Boitel


Poemas de este libro:

«avatar de la rosa»

«Exhortación a los que han armado su hoguera junto a la nieve»