Francis Sánchez: un escritor atado al mástil


Se define a sí mismo como alguien que pudo no haber existido nunca, y que quizás esa gratuidad que le ofrece la vida trata de justificarla a través de la palabra escrita. Francis Sánchez, escritor avileño que enfrenta la «terrible» dicotomía de ser poeta y editor, no encuentra otra solución que la de escribir cada vez más, a modo de catarsis. La literatura, ese «bichito» que no da nunca mordidas en balde, llegó para quedarse en su vida.

«Escribo desde muy pequeño, te diría que no hay un recuerdo de mi vida donde no esté la mirada de ese alguien que ve palabras en todas las cosas que lo rodean. Sin embargo, el ‘descubrimiento’ de la literatura para mí ha tenido varias etapas, muy unidas a mi vida.

«Creo que el primer impulso debí haberlo recibido al encontrarme con los manuscritos de mi hermano Félix.»

Al parecer, causó una gran conmoción en aquel niño comprobar que las palabras se podían unir y utilizar de manera tan extraña, que servían para algo más que quejarse o reclamar un juguete.

«Luego la adolescencia, la juventud, algunas experiencias claves fueron replanteándome de distintas maneras la necesidad de escribir. Por sobre todos esos momentos de revelación, prefiero uno con el que siempre estaré profundamente identificado: ya adolescente, la literatura me parecía una vanidad, una cobardía, y buscaba otros asideros para reconciliarme con la existencia, con sus defectos y pobrezas, cuando encontré unos versos de Eliseo Diego: “No es por azar que nacemos en un sitio y no en otro, sino para dar testimonio”. Fue definitivo, creo que todavía no me he repuesto. Incluso tuve la suerte de poder hacérselo saber a Eliseo algunos años después y creo que con ello le devolví un poco de felicidad.»

¿En cuál vertiente de la literatura te sientes más a gusto?

«Entre tantos modos que existen de dar testimonio, sin dudas ninguno se acerca a la poesía, el más humano y esencial. Para mí el verso será por siempre el corazón de la literatura, creo que es el núcleo expresivo de la cultura, la síntesis de todo lo demás. Pero, por cuestiones de estilo, me gusta mucho el ensayo, porque lo considero una forma evolucionada de hacer poesía, que amplía ciertas posibilidades tradicionales de este género.»

¿Cómo logras conciliar tus funciones de editor con la literatura y la creación personal, además del resto de tus obligaciones?

«Hasta ahora ni el más mínimo desacuerdo ha surgido entre mi creación personal y las funciones del editor. Por el contrario, en editar hallo un acicate constante para escribir, y viceversa. En definitiva, si para mí crear es un ejercicio interminable de crecimiento personal, de diálogo y de búsqueda, la edición me permite mantenerme activo mucho más tiempo, siempre en discusión conmigo mismo y con la literatura.

«Después está el embrollo de que soy esposo, para colmo, de una poetisa, y padre de dos niños pequeños que se me derrochan en gracia y ternura: imagínate, estoy condenado a vivir con los ojos bien abiertos. A lo que sí nunca escapo es al caos del tiempo, que nunca me parece suficientemente útil, ahí no existe armonía posible: vivo fajado a muerte con él.»

¿Cuáles son tus proyectos actuales, tanto como editor como creador?

«En cuanto al trabajo de editor, mi proyecto se reduce a algo muy sencillo, hacerlo cada vez mejor y llevar cada vez más libros a las librerías, no puedo editar lo que se me antoje, me debo a un sistema editorial integrado por un grupo amplio de intelectuales que hace la labor de selección.

«Como creador, laboro ahora mismo en un Diccionario de poetas cubanos, en colaboración con mi esposa Ileana Alvarez, a solicitud del Frente de Afirmación Hispanista de México, con miras a su publicación en breve.

«También trabajo en un libro de ensayos sobre el suicidio y la poesía, o sea, no solo sobre los poetas suicidas, sino ampliando el análisis de este fenómeno como una problemática de la cultura. Por lo demás, escribir poesía nunca ha estado entre mis planes, como no lo está respirar.»

¿Escribes tanto como quisieras, o la dinámica misma de la vida te lo impide?

«Definitivamente no. Cada día me parece que puedo escribir menos. En realidad la vida se va llenando de compromisos, de urgencias impostergables, al mismo tiempo que uno va teniendo más cosas por decir. Quizás sea una contradicción imprescindible para un escritor, que los mismos problemas que te empujen a escribir, te lo impidan. La salida la encuentro a veces en utilizar esa misma agonía como materia prima de mis obras.»

Háblame de tus influencias literarias y cómo se reflejan, según tú, en tu proceso creativo.

«Ha habido distintos fragmentos capitales de la literatura universal que me han marcado, a lo largo de mi vida: La filosofía griega clásica, la Biblia, el Romancero Anónimo y el Siglo de Oro de España, los románticos ingleses, etc. Sin embargo, de la misma manera que lo más destacado en toda obra es la persona, quien comunica, también en cuanto a las llamadas influencias, lo más destacado para mí ha sido establecer relaciones humanas muy profundas con otros escritores.

«Creo que si un síntoma de influencias puedo indicarle a mis lectores, del que he sido consciente, es la libertad imaginativa y emocional que, entre otras cosas, se traduce en la coincidencia visible de múltiples dioses literarios.»

¿Cuáles títulos te han publicado?

«Mi primera publicación seria fue un plaquette de poemas aparecido en 1985, gracias a Aimée Pino, asesora literaria de la casa de la cultura José Inda. Durante mucho tiempo fui severo en extremo conmigo mismo. Nunca di algo por concluido, y siempre desdeñé los concursos literarios, precisamente por lo que tienen de ruleta rusa.

«Mi primer libro, Revelaciones atado al mástil, salió en 1996 por Ediciones Ávila y me trajo muchas alegrías, buenas opiniones y, algo que no podía imaginar como poeta joven desconocido y de provincia, este título estuvo nominado para el Premio Nacional de la Crítica entre los mejores publicados ese año en el país.

«A la Antología Cósmica preparada por Fredo Arias y publicada el pasado año por el Frente de Afirmación Hispanista, le agradezco una importante promoción internacional. También en el 2000, por Ediciones Vigía de Matanzas, apareció El ángel discierne ante la futura estatua de David, que fue el premio América Bobia del año anterior.

«Este año acaba de salir en España Luces de la ausencia mía, un decimario con el que obtuve el segundo premio del concurso internacional Miguel de Cervantes. Hasta ahora todos los títulos son de poesía.»

¿Cómo preferirías que te recordaran (lo más alejado en el tiempo, por supuesto)?

«Me pones en un aprieto. Es una pregunta que casi siempre los escritores eluden, no se la toman en serio. Ahora, ser recordado es algo tan improbable que en verdad nunca me he puesto a pensar en alguna forma especial. Bastaría con que alguien, unos cuantos siglos de por medio, se acordara de mí, y sería un milagro. Tal vez si ese alguien pensara que fui sincero siempre, y que mi literatura se ajustó a mi vida como el grano de frijol a la vaina, pues mejor. Creo que es más justo existir para reverenciar un verso de Virgilio Piñera: ‘Mientras esté vivo, seré inmortal’.


En: Invasor, Ciego de Ávila, Cuba, 13 de septiembre de 2001.