El país de las entrañas, entre Casal y Martí

(Foto: exactamente en Dos Ríos)

Casal es como la piedra de toque de la poesía cubana. A su contacto, cada cosa muestra el núcleo de sus propiedades y compromete su esencia. Acercarse a su fibra, es penetrar el flujo y reflujo de savias que entran y también salen desinteresadamente de la literatura nacional, no solo en el origen de la conciencia y los mitos poéticos que se fundan en el siglo XIX. A su muerte, siguió una oleada de poemas, comentarios y memorias que aparecieron en La Habana Elegante y otras publicaciones. Hay todavía quizás un interés que no es tan velado en Lezama, cuando se propone la tarea de vivir en su cercanía y comprensión, y es el de dialogar con las personalidades mayores que acompañaron a Casal a través de un largo paseo en busca de su secreto. Hay, a través de la obra toda de Lezama,  un significado y una función relacional del mito Casal. […]

Rápido, a pocos días de su fallecimiento, publicó Martí en el periódico Patria un breve obituario. Desde entonces ha sido el arranque de esa observación espontánea quizás el punto de referencia más pertinente a la hora de sopesar los valores y contrariedades del “joven y triste”, máxime si urgiera entender cómo opera esa visión desde su propio contexto. Quien acude al misterio de su muerte prematura aunque profetizada, Martí, el hombre que significa “la plenitud de la ausencia posible”, la encarnación de la Imago en la historia, sabe porque las ha padecido que existen dos patrias igual de vigorosas y extrañas: “Cuba y la noche”, para poder explicarse y definir la actitud de Casal en un plano ontológico, respetuoso de su épica íntima, y acabar en un término: “sincero”, que es como la raíz o el antecedente directo del calificativo “necesario” con que Lezama dilucida el problema de la originalidad de Casal.

Opuestas concepciones de Martí y Varona, respecto al arte y el artista y sus funciones, se manifiestan en la actitud diferente de ambos frente a Casal. Ya la famosa polémica entre realismo e idealismo, acaecida en el Liceo de Guanabacoa en 1875, tenía a ambos intelectuales encabezando filas contrarias. Martí, defensor del arte idealista, arguye que este no puede ser meramente un reflejo de la realidad, pues pierde lo más esencial y bello, lo personal. La elegancia auténtica, de raíz honesta, es la que Martí resalta en su breve y profundo obituario, algo que no llegarían a captar incluso otros sensibles intelectuales de su época. Intuye que la influencia francesa “paró por ser en él la expresión natural” y ahonda en su gusto por la beldad y lo exótico, apetitos de su angustia y pesimismo que “aborrecía lo falso y pomposo”. Se encuentran aquí, expresadas con la misma delicadeza que advertía en el poeta, las principales ideas estéticas martianas: la correspondencia y conjunción de las categorías verdad y creación, libertad y arte, lo bello y el bien, pero también la noción de la crítica como servicio, pues Casal encarnaba la víctima de un país enfermo, el país que se quedaba fuera de la historia era el mismo que abortaba la sensibilidad del poeta exquisito. Casal se expresó, por demás, en privado y en público, como un patriota y un separatista confeso.

Casal y Martí vestían siempre de luto. Luego el loto con que la fatídica mujer del poema “Salomé” —de Casal— baila, de pistilos de oro que simboliza la muerte, y que al poeta se le aparece otra vez concretado en una “estampa esencial” en el hogar de los Borrero, se corresponde como unidad simbólica con el clavel que trae en la mano la visión que se le aparece a Martí, de “Cuba cual viuda triste”, en el poema “Dos patrias”. El secreto entrañable de Casal, en su función sígnica, ocupa reveladoramente ese mismo vacío de Martí, vacío delator de la flor arrancada, de su pecho que “destrozado está y vacío”, pero que permanece y avanza en el tiempo por la vibración de la certeza: “¡Yo sé cuál es ese clavel sangriento / que en la mano le tiembla!”

“Cuba y la noche”: junto a la historia cívica, la espiritual. La noche es el reino que el conocimiento poético instaura, donde por fin la imaginación engendra un sucedido, caudal en que el misterio arremolina los ecos para confluir en la totalidad íntima o carnal. Sólo en la comprensión unitiva de esa dualidad es que se nos ilumina la visión rápida y vigorosa que tiene Martí del desgarramiento y de la filiación paradójica de Casal cuando, de manera aparentemente contradictoria, al hablar de su tierra natal hace referencia a “el poco apego” que artista tan delicado sintió por ella, pero, al mismo tiempo, define su patria como “el país de sus entrañas”.

(Fragmento del libro de ensayos Sagradas compañías, de Ileana Álvarez y Francis Sánchez, premio “Fundación de la Ciudad de Matanzas 2015”, Ed. Matanzas, 2016.)

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