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Desechos humanos

Y al fin se hizo. Mi exposición de poesía visual “Desechos humanos”. Este 25 de diciembre quedó inaugurada dentro del XIX Festival Poesía sin Fin, en La Habana Vieja, en el espacio del artista Luis Manuel Otero Alcántara (calle Damas 955), con la presencia que agradezco de numerosos artistas, poetas y muchas personas de libre pensamiento, como Tania Bruguera y Amaury Pacheco del grupo Omni-Zona Franca. Tuve al principio mucha preocupación de que se repitieran hechos parecidos a los de días atrás, cuando, en otro espacio de este Festival, se impidió el estreno de una obra de teatro y algunos artistas fueron detenidos.  

Este es el proyecto de exposición con que gané una beca de la embajada de Noruega. La misma muestra que me censuraron en mi ciudad de Ciego de Ávila (Director provincial de Cultura mediante), después que estaba aprobada por los especialistas de la galería del Consejo Provincial de las Artes Plásticas y tras meses de espera. Con más de 30 obras. Con palabras para el catálogo originales de Víctor Fowler y que agradezco profundamente. 

He vuelto así al mismo festival “Poesía sin fin” en que he participado desde hace años, cuando yo peregrinaba con los “omnis” al Rincón de San Lázaro. Ninguna bajeza humana me ha detenido ni paralizará mi trabajo, pues todo lo que viene a mí, bueno o malo, sólo alimenta el fuego de la creación. Mientras mayores sean las barreras, mayores quizás serán las llamas de la expresión en que esos obstáculos se transformen. 

En esta foto con Tania Bruguera junto a una de mis obras que más le gustó a ella, se ve cómo nos podemos reconocer los artistas en una tensión: la simbiosis de la “libertad” con el “arte”, a veces “gracias a la censura” y no a pesar de los censores. Cometo el pecado de explicarme a través de esta obra: el arte no solo dimana de la libertad naturalizada o carnal del artista, sino que es también el resultado de la tachadura que provocan otras manos oscuras como las de los censores y todas las negaciones cósmicas o construcciones sociales que atacan esa fuente de libertad, pues distorsionan la escritura natural de la sangre pero a la vez crean un nuevo orden y un nuevo cuerpo de resistencia, resilencia pura: la grafía (en letras negras) del arte recoge esa tensión de derivaciones problemáticas. 

Busco las zonas de conflicto que hay en mí y fuera de mí como se persigue una luz en medio del vacío. Precisamente fue la equis, el rayón de la censura, lo que me hizo ver y destilar, desde adentro de la palabra “libertad”, la palabra “arte”. Es una trinidad de órdenes que denuncio pero a la vez acato como un sistema de realización humanista: siento que soy más humano y artista cuanto más fuerte está obligado a tacharme (me da un orden) todo aquello que no soy, que no quiero ser. Quiero ser libre y crear una escritura personal con algo más que palabras viejas inventadas por otros, con imágenes vivas, con signos-dignos de mi propia vida. 

He reflexionado sobre los derechos y los desechos humanos. Me expongo. Que finalmente mi exposición se haya abierto en este día de Navidad de 2017, y en una aparente “periferia” de Cuba y los circuitos del arte cubano, como debe ser (Cristo nació en un establo, ese absurdo de Dios hecho carne y que muere es lo que me ha parecido siempre una gran prueba de veracidad: es cierto porque es absurdo, dijo Plotino; a lo que Martí agrega: “con los pobres de la tierra / quiero yo mi suerte echar”), lo agradezco intensamente. En fin, amigos, esto es lo que hay: “seguimos guapeando”.